15 abr 2016

El crimen y el delito. Gutun Zuria 2016



Es curioso cómo el crimen y la narración cinematográfica prácticamente llegaron juntos ya desde los primeros tiempos del cine. Una narración mínimamente elaborada no llega al cine hasta entrado el siglo XX. Tras unos primeros años de fascinación por las posibilidades visuales de ese aparato de feria que permitía asustar y sorprender (al modo Lumière, al modo Méliès/Chomón), comenzaron a pergeñarse excusas narrativas de inevitable aire teatral para atraer la atención de los espectadores.

De entre los siempre elogiados pioneros del cine, probablemente haya que agradecer al francés Ferdinand Louis Zecca una de las primeras narraciones de mayor profundidad. La pieza en cuestión se titula 'Histoire d'un crime' (1901) y, destacando que se sirviese de la narración de un hecho y personajes tan interesantes para el público general como son un crimen, un criminal y los “administradores” de justicia, tiene el mérito de lograr introducir de manera convincente la transcripción visual de lo que en literatura siempre había sido una analepsis. De aquellos años del cine hay un conocimiento muy limitado, pero bien podría afirmarse que introdujo lo que años después se denominaría flashback (de una manera muy original para la época, e incluso llamativo visto hoy), un recurso por antonomasia de uno de los géneros más reconocibles de la Historia del Cine: el cine negro. En aquella ocasión, Zecca lograba contrastar una narración sencilla, muy de aquellos primeros años de peripecias sin demasiadas aristas (un criminal roba la caja fuerte de un hombre y lo mata / la policía lo detiene / se le aplica la pena capital), con hechos previos de la vida del finalmente ajusticiado. Todo ello, con el propósito de buscar una mayor comprensión de los motivos del criminal, a la caza de esa empatía con la “maldad” que tan frecuentemente se busca en literatura y cine.

Cine y crimen, cine y narración. Aquel cortometraje de Zecca incorpora ya algunas de las variaciones en torno al crimen en el cine que se incluyen en la muestra que Zinemateka programa coincidiendo con la celebración del Festival Internacional de las Letras de Bilbao Gutun Zuria 2016: la contextualización de motivos para comprender al criminal, el funcionamiento a veces deficiente del aparato institucional encargado de castigar -o resocializar- al autor del crimen, los mecanismos del crimen, y la ya mencionada “simpatía por el mal” como ejemplo más palpable de apelación directa a la conexión del espectador con el relato.

Si por delito se entiende una acción u omisión voluntaria o imprudente penada por la ley, y por crimen se entiende un delito grave, sin duda esta pequeña selección de películas ha optado por los crímenes. Sobre todo porque los autores de los mismos, al menos en tres de los cuatro casos que nos ocupan, no son individuos aislados que deciden cometer un crimen, sino grupos conformados por complejos mecanismos en los que difuminar responsabilidades y culpas, eliminar remordimientos.

Comenzamos con uno de los grandes del cine criminal. Hemos elegido al francés Claude Chabrol, autor de intrigas como 'Inocentes con manos sucias' (Les innocents aux mains sales, 1975), 'Los fantasmas del sombrerero' (Les fantômes du chapelier, 1982), 'Pollo al vinagre' (Poulet au vinaigre, 1985), 'La ceremonia' (La cérémonie, 1995), 'En el corazón de la mentira' (Au coeur du mensonge, 1999) o 'La dama de honor' (La demoiselle d'honneur, 2004). No obstante, probablemente sea 'El carnicero' (Le boucher, 1970) su película más redonda en el acercamiento a la figura del asesino en serie: un relato que sigue la estela de 'El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde' de Robert Louis Stevenson, y que ahonda con éxito en el sentimiento de atracción hacia la persona que comete el crimen. El relato se centra en una mujer, profesora de escuela en un pueblo de Dordoña, a cuyo alrededor comienzan a sucederse una serie de asesinatos coincidiendo con el inicio de una serie de citas con el afable carnicero de la localidad. Coproducción franco-italiana con guión original del propio Chabrol, está protagonizada por Stéphane Audran (ganadora del Premio San Sebastián a la mejor actriz en el Zinemaldia 1970) y Jean Yanne.

Las otras tres películas del ciclo se centran en crímenes que no son cometidos por individuos concretos sino auspiciados, defendidos y ejecutados desde instancias colectivas. El ejemplo más claro es 'Desaparecido' (Missing, Costa-Gavras, 1981), en la que comprobamos cómo un supuesto interés general (el de un estado como los Estados Unidos) se impone al derecho más básico de uno de sus ciudadanos, obstaculizando en todo caso el conocimiento de la verdad por parte de otros de sus ciudadanos. Por si no atesorara suficiente valor con su propuesta, Costa-Gavras enfunda su furibunda crítica a la falta de respeto por los ciudadanos por parte de la estructura administrativa de una supuesta democracia con mayúsculas en un potentísimo relato de desintegración familiar que se beneficia de las extraordinarias interpretaciones de dos de los mejores actores estadounidenses de la segunda mitad del siglo pasado: Jack Lemmon y Sissy Spacek.

La denuncia de un crimen por “razón de Estado” gana crédito además cuando la realiza -basándose en hechos reales- un realizador como el franco-griego Konstantinos Gavras, una de las voces militantes más destacadas en el cine por su compromiso con los derechos individuales. Así se pone de manifiesto a lo largo de una carrera prácticamente intachable ética y estéticamente que incluye títulos como 'Z' (1969), 'La confesión' (L'aveu, 1970) y 'Sección especial' (Section spéciale, 1975), con guión de Jorge Semprún, a quien Zinemateka dedicó un ciclo en 2012 ; o, como 'Desaparecido', películas rodadas fuera de su Francia de acogida, tales como 'La caja de música' (Music box, 1989) o 'Mad City' (1997).

En la estela de películas de denuncia contra el poder omnímodo de un Estado rara vez controlado por intereses éticos encontramos también el segundo trabajo como director del guionista norteamericano Stephen Gaghan, 'Syriana' (2005). Si en 'Desaparecido' son los intereses de los Estados Unidos en determinadas economías (más que estados) latinoamericanas los que justifican actuaciones criminales, en 'Syriana', bajo el influjo directo de la América post 11-S, es el miedo a un nuevo ataque terrorista contra Estados Unidos lo que lleva a las sucesivas administraciones a implicarse en labores de espionaje masivo, guerras, operaciones especiales, secuestros y torturas decididas unilateralmente y sin el requerimiento de justificación ante la ciudadanía.

Basándose en las memorias del ex agente de la CIA Robert Baer (tituladas 'See no evil', y editadas en 2003), Gaghan urde un guión en el que queda nuevamente revelada la prevalencia de los intereses económicos de los Estados Unidos (en este caso, el tráfico de armas) sobre los principios éticos y morales sobre los que se construyó la primera democracia moderna. La película consiguió el premio al mejor guión adaptado de la National Board of Review. El reparto lo encabezan George Clooney (que logró un Oscar por el papel de Robert Baer), Matt Damon y Christopher Plummer.

El último paso en este pequeño recorrido por el crimen en el cine tiene ciertas concomitancias con las dos películas anteriores. Si en 'Desaparecido' y en 'Syriana' afloran estructuras secretas dentro de las administraciones públicas que no parecen servir tanto al interés de los ciudadanos como a otros menos justificables, en 'Gomorra' (2008) esa estructura criminal lo ocupa prácticamente todo. Matteo Garrone, basándose en el best-seller de Roberto Saviano, refleja la cotidianeidad de lo inmoral y lo criminal en el territorio napolitano y casertano controlado por la Camorra. Frente al oscurantismo administrativo de las películas mencionadas -en las que lo criminal hay que ocultarlo-, en la rutina criminal de 'Gomorra' todo parece desarrollarse a ojos vista, con una perversa sensación de normalidad que lleva al espectador al terreno del desasosiego. Aquí el crimen es moneda de intercambio diario, y quien queda fuera de él resulta reprobable.

'Gomorra' obtuvo el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes en 2008 y cinco premios del Cine Europeo, incluyendo el de mejor película del año. Su realismo soez y angustioso convierten el film en una experiencia demoledora, que hace patente la incapacidad de la estructura del Estado para imponer la ley a una organización criminal multiforme, capaz de adaptarse a los tiempos antes incluso que el sistema. Ocurre en esa parte de Italia como en otros lugares del mundo. Lo pavoroso es que la Camorra lleve siglos implantada en esa misma zona, gestionando contrabandos, sobornos, robos, asesinatos, chantajes, tráfico de drogas y cualquier armas, e incluso actuando contra su propio medio ambiente.

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