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13 abr 2016

Mirar a cámara. Identidades, simulaciones y recreaciones en el audiovisual contemporáneo español



(texto elaborado con motivo del ciclo dedicado por Zinemateka de Alhóndiga Bilbao a la situación del audiovisual contemporáneo español titulado ‘Mirar a cámara. Identidades, simulaciones y recreaciones en el audiovisual contemporáneo español’, comisariado por Rubén Corral. Incluyó la proyección de 'Invisible' (Víctor Iriarte, 2012), 'Vikingland' (Xurxo Chirro, 2011), 'The Juan Bushwick diaries' (David Gutiérrez Camps, 2013), 'Diarios móviles' (Víctor Moreno, 2010), 'El extraño' (Víctor Moreno, 2009), 'Felices fiestas' (Víctor Moreno, 2008), 'Feriantes' (Víctor Moreno, 2010), 'La piedra' (Víctor Moreno, 2013), 'Dime quién era Sanchicorrota' (Jorge Tur, 2013), 'N-VI' (Pela del Álamo, 2012), 'VidaExtra' (Ramiro Ledo Cordeiro, 2013) y 'Árboles' (Los Hijos, 2013) entre los días 27 de noviembre de 2013 y 30 de enero de 2014)


En los últimos dos años España ha empezado a sufrir las consecuencias de la reducción drástica de ayudas al cine. Sumadas a la caída de los ingresos en taquilla (por la subida del IVA, por la reducción de la renta disponible en las familias), la situación del cine español tiene poco que ver ya con la de hace cinco años. La industria tiende a desvanecerse y –más allá de las superproducciones de Hollywood- se pueden contar con los dedos de una mano las películas que consiguen ser rentables a su paso por taquilla.

Sin embargo, hay otras consecuencias que tienen que ver con la manera en que el audiovisual español SIGUE adelante gracias, sobre todo, a la autoproducción. Gracias a “ajustarse el cinturón”. Cuando no hay industria en la que cobijarse se ha perdido la consideración hacia un canon clásico narrativo socialmente aceptable. Ya no hay por qué hacer películas para un público convencional y “masivo”. Tampoco hay medios para hacerlas. Sin la presión de esa industria, los cineastas parecen dejar de tener la necesidad de alinearse. Cuando no hay dinero, la libertad es absoluta.

Este frente audiovisual tan libre (difícil parangón hay en el mundo a día de hoy) lo conforman los cineastas españoles que no lo eran hasta hace nada: son los jóvenes, los aficionados, los apasionados, los ilusos.

La realidad que constatan estos realizadores –que no pasan de los 40 años de edad- en sus películas es la que conforma ‘Mirar a cámara’, una panorámica del audiovisual más alejado de la industria. Sea voluntaria o forzadamente. Estas películas íntimas, mínimas e introspectivas quizá no sean el relevo ante un público mayoritario, pero sí ante un público menor en cuanto a cantidad, más comprometido y más inquieto ante unos trabajos mucho más directos, que no pretenden aparentar más de lo que son. Son películas que, sin embargo, permiten al espectador atento muchas más lecturas que los complejos productos industriales abocados a su desaparición (aunque sea momentánea).

Tenderá a convergir con una estructura industrial homologable con la de cualquier otro país europeo, pero todavía habrá que esperar. Lo que está claro en este cine “de entretiempo” (por utilizar la expresión de Jonás Trueba para el arranque de ‘Los ilusos’) no busca el rápido bálsamo de la taquilla. No existe para él. Se cerró. Posiblemente busca aquello para lo que se empezó a utilizar el cine a partir de la modernidad: testimoniar una identidad, recrear y fomentar una cultura, plasmar una mirada ante su contemporaneidad. Y exhibirse a través de circuitos alternativos.

Es un audiovisual más radical que no aspira a narrar acontecimientos históricos con afán maximalista, con la antigua convicción de dictar sentencia (a la manera del periodismo) sobre su realidad. Se contenta con aspirar a levantar acta de una serie de identidades (personales o colectivas) que sitúan en el centro de sus películas, sobre actividades fundamentales como el trabajo, el compromiso político (o su ausencia) o la memoria (personal, colectiva, propia o ajena). Es un audiovisual que únicamente puede permitirse una reflexión personal, un punto de vista. Ni más ni menos que un enfoque ante hechos que han llamado la atención del cineasta. No es de extrañar por tanto que la cámara forme parte de lo representado: que el dispositivo de grabación tenga un papel a la altura del resto de objetos grabados, cuando no mayor. Se ha convertido en omnipresente la relación entre las personas que aparecen ante la cámara y los que están detrás. Se ha vuelto general el consenso en torno al recordado discurso de Chris Marker en ‘Sans soleil’ (1983), cuando consideraba que “no hay nada más estúpido que decir a la gente que no mire a la cámara”.

“Cine-ensayo, cine-búsqueda, cine-memoria: las películas del nuevo/nuevo cine español, no pueden estar más alejadas de lo que caracteriza a buena parte del cine de ese país”, aseguraba el veterano crítico argentino Diego Lérer. Los grandes cambios en el cine han estado relacionados con desarrollos tecnológicos y con momentos de crisis. El digital llegó ya hace unos años y probablemente este tipo de cine ya estaba desarrollándose, pero con el advenimiento de la recesión, el paro y la crisis, este cine radical, directo, sencillo y de supervivencia se ha erigido en el más sincero testimonio de nuestro tiempo. El más valioso también, pero eso lo dirá el tiempo.

11 jul 2014

Jean Renoir esencial


Probablemente el único caso de genio del cine hijo de un genio de la pintura. Jean Renoir, maestro de la Nouvelle Vague –de Truffaut a Rivette- como antes lo había sido del cine moderno italiano encarnado en Visconti y Rossellini, es uno de los grandes iconos del cine francés.

Se inició como director en los años postreros del cine silente, según dicen impresionado por el cine de Stroheim, al que dirigiría en una de sus obras maestras, ‘La grande illusion’ (1937).

Amigo de André Bazin, lector entusiasta de Émile Zola o Guy de Maupassant, la obra de Renoir –que incluyó películas producidas en Italia, Estados Unidos e India- encajaría a la perfección con el concepto definido por Roland Barthes como “bistec de bistrot”: una francesidad sin parangón. Todo ello, sin abandonar jamás un aire de familiaridad reconocido por Truffaut como el factor determinante para que Renoir firmara “los filmes más vivos de la historia del cine”.

Su carrera fue frenándose –sólo cuantitativamente- tras su salida de la Francia ocupada por Hitler. Entonces pasó unos años en Estados Unidos, donde firmó títulos sobresalientes como ‘Swamp water’ (1941) o la comprometida ‘This land is mine’ (1943), protagonizada por Charles Laughton. Antes de su regreso a Francia jaleado por los jóvenes críticos de ‘Cahiers’, firmó una de las incursiones más apasionantes de un occidental en la India en ‘The river’ (1951).


Abandonó Europa tras dirigir media docena más de títulos en su país. Se estableció en Los Angeles en la década de los setenta, donde moriría en 1979.

(texto elaborado por Rubén Corral con motivo del ciclo dedicado por Zinemateka de Alhondiga Bilbao en 2014 a algunas de las obras maestras de Jean Renoir)

19 ene 2014

Historias extraordinarias del próximo cine argentino





El cine argentino ha presentado en los últimos tiempos una doble vertiente: una esencialmente orientada a la firma de beneficiosas coproducciones que garanticen el estreno de sus películas en distintos puntos de Europa (sobre todo España) y América Latina; otra –menos visible, más independiente- que quedaba principalmente restringida al consumo –minoritario- interno.

De este segundo grupo fueron dándose a conocer en el resto del mundo –y gracias, sobre todo a la labor de festivales, filmoteca y cinematecas- desde finales del siglo pasado y principios del XXI realizadores tan diversos y reconocidos hoy en día como Pablo Trapero y Lucrecia Martel, Lisandro Alonso o Mariano Llinás.

Aquel movimiento independiente argentino que parecía haber alcanzado cierta popularidad con esos nombres no se ha detenido desde entonces. El arrojo y riesgo de los realizadores argentinos ha permitido –con la inestimable colaboración institucional- el desembarco de otros nombres a los que les espera el reconocimiento que obtuvieron sus predecesores.  Algunos de aquellos son compañeros de viaje de los que aquí presentamos. Es el caso de Mariano Llinás (la osadía de sus ‘Historias extraordinarias’ (2008) es la misma que alumbra muchos de los títulos de este ciclo de Zinemateka), alma mater de El Pampero Cine, la productora detrás de películas como ‘Ostende’ (Laura Citarella, 2011), ‘El estudiante’ (Santiago Mitre, 2011) o ‘El loro y el cisne’ (Moguillansky, 2013), que inaugura este programa. Dice Llinás que “nuestro problema es cómo volver a la ficción, desde un lugar que no sea reaccionario ni anacrónico. Cómo hacer ficción después de Godard”. Bien podría ser una manera excelente de resumir el objetivo de las historias cotidianas extraordinarias que integran este ciclo, enteramente compuesto por películas producidas en Argentina durante el pasado año 2013 y pendientes de estreno en España.

‘Historias extraordinarias del próximo cine argentino’ ha intentado huir además de los nombres más laureados y reconocibles del panorama audiovisual argentino para ahondar en prometedores debutantes (aunque sean veteranos intérpretes como Guillermo Pfening o Gustavo Garzón) o realizadores alternativos que han logrado hacerse oír. Son cineastas que han desarrollado un arraigado sentimiento de comunidad. Sirva como ejemplo la manera en que el ya referido grupo de El Pampero Cine (Llinás, Moguillansky, Citarella y Agustín Mendilaharzu) se relaciona con jóvenes y maestros: del joven Mariano Blanco –firmante de ‘Los tentados’ (2013)- al profesor Rafael Filippelli, director pero también docente en la Universidad del Cine, la gran incubadora de profesionales argentinos, donde también imparte clases Estanislao Buisel, director de ‘Barroco’ (2013).

Argumentalmente, las películas presentadas entre febrero y mayo de 2013 en AlhóndigaBilbao, comparten una preocupación por el tiempo en que han sido rodadas y por conferir un papel clave en su construcción al trasfondo social argentino contemporáneo. Esas tramas se articulan posteriormente a través de dramas, comedias o películas de apariencia documental. Lo hacen en títulos como ‘Ricardo Bär’ (Gerardo Naumann & Nele Wohlatz, 2013) –premiada en el FID de Marsella con una mención especial a la mejor ópera prima-, ‘Los dueños’ (Agustín Toscano & Ezequiel Radusky, 2013) –premiada con una mención especial del jurado de La Semana de la Crítica de Cannes-, ‘Choele’ (Juan Sasiaín, 2013) –reconocida hasta con tres premios en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata- o ‘La paz’ (Santiago Loza, 2013) y ‘Habi, la extranjera’ (María Florencia Álvarez, 2013) –ambas presentadas en la Berlinale del año pasado.